Incondicionalidad, qué palabra tan bien sonante, tanto que
pocos somos capaces de suponer la soberanía que reside desde su "i"
hasta su " d" . Desde que
comienzas a interaccionar con ese alguien y las escenarios les comienzan a
adherir, desde que las hazañas pasadas mutan lentamente y dejan de ser puntos
de confluencia para ser puntos de partida. Hay pocas cosas más difíciles en las
interacciones sociales que llegar a una entrega íntegra y absoluta. Y es que estamos
malacostumbrados a ir midiendo a milímetros la cantidad que viene de vuelta y
actuamos a expensas de esta para devolver con una moneda de cambio aún más
pequeña. No vaya a ser que se me humille, que ante todo cualquier valor se me
aparece el orgullo a modo de invidencia. E invidentes por nuestra pedantería vagamos sin conocer qué
pasaría si le entregásemos una
oportunidad a la humanidad. Quizá es
demasiado difícil ahuyentar nuestro ego y comenzar a experimentar nuevas
situaciones, que sí, que muchas van a escocer, incluso puedan a llegar a
sangrar. Ni si quiera te aseguro que cicatrice inmediatamente, pero si te puedo
asegurar que la marca que perpetuará será algo por lo que merezca la pena una
pérdida de eritrocitos más.
Vamos limitando la
intensidad, tememos la entrega, nos convertimos en témpanos imperturbables cuyo
epicentro está incendiado. Y no, no
llegamos a comprender que para querer se tiene que ser vulnerable, es la
única y mejor manera que conozco de
desnudarse. A partir de tu despelote, todo comienza a simplificarse, la
tolerancia se torna comprensible y el extraño se vuelve corriente, e incluso si
te lo permites se puede llegar a sentir complicidad. Después de conseguir
el complejo desbarajuste de prejuicios internos, ya todo debería ir con gran celeridad.
La inercia de la ternura, de la confianza y el respeto se transforman en
entrega. El traspaso de riqueza desinteresada va evolucionando, deja de ser un
contrato social, ya es algo intrínseco a tu ser. Ahora, que tu corazón ya
palpita para mantener la perfusión de ti y de tu alrededor, solo ahora, la
incondicionalidad empezará a revelar su ímpetu. Por si fuera poco, lo que
engrandece este manifiesto no es lo que puedes llegar a aportar al de tu
vera, que también; si no lo que indirectamente se va sembrando en ti cuando
dejas de focalizar la atención en el perímetro de tu epidermis.


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