miércoles, 17 de agosto de 2016

Incondicionalidad



Incondicionalidad, qué palabra tan bien sonante, tanto que pocos somos capaces de suponer la soberanía que reside desde su "i" hasta su " d" .  Desde que comienzas a interaccionar con ese alguien y las escenarios les comienzan a adherir, desde que las hazañas pasadas mutan lentamente y dejan de ser puntos de confluencia para ser puntos de partida. Hay pocas cosas más difíciles en las interacciones sociales que llegar a una entrega íntegra y absoluta. Y es que estamos malacostumbrados a ir midiendo a milímetros la cantidad que viene de vuelta y actuamos a expensas de esta para devolver con una moneda de cambio aún más pequeña. No vaya a ser que se me humille, que ante todo cualquier valor se me aparece el orgullo a modo de invidencia. E invidentes  por nuestra pedantería vagamos sin conocer qué pasaría si  le entregásemos una oportunidad  a la humanidad. Quizá es demasiado difícil ahuyentar nuestro ego y comenzar a experimentar nuevas situaciones, que sí, que muchas van a escocer, incluso puedan a llegar a sangrar. Ni si quiera te aseguro que cicatrice inmediatamente, pero si te puedo asegurar que la marca que perpetuará será algo por lo que merezca la pena una pérdida de eritrocitos más.
 Vamos limitando la intensidad, tememos la entrega, nos convertimos en témpanos imperturbables cuyo epicentro está incendiado.  Y no, no llegamos a comprender que para querer se tiene que ser vulnerable, es la única  y mejor manera que conozco de desnudarse. A partir de tu despelote, todo comienza a simplificarse, la tolerancia se torna comprensible y el extraño se vuelve corriente, e incluso si te lo permites se puede llegar a sentir complicidad. Después de conseguir el complejo desbarajuste de prejuicios internos, ya todo debería ir con gran celeridad. La inercia de la ternura, de la confianza y el respeto se transforman en entrega. El traspaso de riqueza desinteresada va evolucionando, deja de ser un contrato social, ya es algo intrínseco a tu ser. Ahora, que tu corazón ya palpita para mantener la perfusión de ti y de tu alrededor, solo ahora, la incondicionalidad empezará a revelar su ímpetu. Por si fuera poco, lo que engrandece este manifiesto no es lo que puedes llegar a aportar al de tu vera, que también; si no lo que indirectamente se va sembrando en ti cuando dejas de focalizar la atención en el perímetro de tu epidermis.


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