que siempre llega a ebullición.
Así que lo he puesto a hervir emociones
con el fin de que volatilicen
escapándose por mis poros.
Mi plan maestro es que la pena
en un vapor se convierta,
que ascienda por densidad
por el aire disipándose.
Hasta que sus uniones,
débiles y dispersas
la transformen en olvido.
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