¿Por qué no hablamos?
Por qué no nos sentamos a debatir sobre nuestros pesares.
Por qué no invertimos tiempo en comprender el dolor ajeno.
Por qué permitimos que la soberbia se adueñe de nuestro firmamento.
Por qué no nos comunicamos arrinconando el escepticismo.
Por qué desviamos la atención de lo que nos asalta las
entrañas.
Por qué somos cómplices de perpetuar este sinsentido que nos
retiene.
Por qué no nos desbocamos y miramos de frente al semejante
Por qué nos escondemos tras miles de reproches que no
entienden de razones
Por qué nos resulta tan difícil mostrarnos endeble ante lo que nos acorrala.
Por qué inevitablemente permitimos que todos estos porqués inconclusos
acaben aprisionándonos en nuestro propio ego.
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