lunes, 12 de septiembre de 2016

Al fin y al cabo.

Parece que cada día me convenzo más de que la causa es un reo de la consecuencia. Para llegar a la causa se nos despliega como único factor desencadenante la posibilidad. La cual se encarga de hacernos dudar y que tras su elección se esconde nuestra dirección.
Las posibilidades siempre serán nuestro fieles compañeros desde el inicio del nacimiento hasta que existe la nada. Primeras posibilidades de nacer aquí o allí , de ser mujer u hombre , rubio o moreno... Nos condicionarán in secuela secuelorum. Lo positivo, es que afortunadamente podremos modificar lo previamente impuesto gracias a nuevas posibilidades y la elección de  desechar otras tantas.
Y así, al llegar aquí nuestras posibilidades pasan a ser competencia de nuestros progenitores en los primeros años, nos volvemos casi receptores de decisiones ajenas sin tener en cuenta el peso que estas están teniendo. Continúan los abriles, empezamos a poseer más consciencia de las elecciones, se aparecen las primeras consecuencias, los arrepentimientos, la culpa , los " y si.." , la vida ya empieza a pesar . Elegir siempre es abandonar los otros riesgos. Forjamos un todo con cada camino elegido. Nos dirigimos a algún lugar mediante nuestra psedolibertad de elección. Nos condicionamos, nos redireccionamos, nos equivocamos, nos vamos y a veces nos quedamos. Entre tanta riqueza de alternativas se encuentran miles de realidades contingentes diarias. Ese ofrecimiento de elección diario es el motor que permite que todas las posibilidades puedan rejuvenecer y desprenderse de viejas costumbres. Ese ofrecimiento periódico no es nada menos que un regalo para empezar de nuevo en cada momento.


 Al fin y al cabo, la vida se reduce al producto de la suma de las posibilidades con las que te has quedado. 






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